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Sinopsis: Como preámbulo a la lectura de este libro, patrocinado por el mítico dios Baco, quiero evocar, sucinta y claramente —como un brindis simulado, pero fervientemente anímico—, que el vino es nuestro buen amigo rutinario e íntimo, que convive con uno durante toda la vida y que está presente lo mismo en los grandes y lúcidos banquetes que consolando y animando el trago peligroso del profundo dolor. Y por esta razón mi libro muestra y describe el cómo y el porqué de la humanitaria y natural misión que subrepticia y caritativamente realiza en la vida cotidiana el vino peleon, el de las viejas tabernas madrileñas (el parlamento de los enofilos), el vino tinto huérfano, sin apellidos, pero para mí y mi libro, al menos, es el más bueno y filantrópico de todos, haciendo olvidar y reír —siquiera a ratos— grandes penas y preocupaciones insolubles y peligrosas. Yo he dicho siempre que si no se bebiera vino cada día habría una revolución en el mundo. Por tanto, ?loor y gratitud al vino, sobre todo el español! Biografía: Ramón Fernández Martí (Vilabrú es su apodo artístico) nació en Barcelona en 1915. Hijo de militar, con aquellos frecuentes traslados a provincias y la guerra del Rif, viviendo un año en Melilla y otro en Ceuta. Su sensible espíritu infantil, con tantos viajes en ferrocarril a vapor, tan románticos e inolvidables, se abrió a la expectante contemplación de la naturaleza y también a la curiosidad del vivir cambiante de nuevos lugares, nuevos colegios y nuevos amigos. A mis nueve años (1923), en la ciudad de Burgos se inició mi vocación por las bellas artes, dibujando desde el balcón de mi su casa los grupos escultóricos de la catedral que tenía enfrente. Y a la zaga, en la Ciudad de los Sitios y estudiando el bachillerato, la musa Calíope hizo eclosion en mi mente la sensible inspiración de la poesía (1926), coincidiendo con su espontáneo y sorprendente primer amor. Y su afición a la literatura en prosa surgió, ipso- facto, con la guerra civil (1936-1939), movido a decir —en medio de aquel confusionismo revolucionario y criminal— toda la verdad de lo que a él le afectaba y de lo que ocurría a su alrededor. Por tanto, ha practicado las bellas artes y la literatura simultáneamente. De las primeras sacaba beneficio económico, además de satisfacerle; pero de la pluma no hacía sino utilizarla como expansión emotiva de su cerebro y su corazón —tan íntimamente unidos, fisiológica y espiritualmente— y la claridad de expresar aquello que el dibujo y la pintura no pueden tácitamente definirlo. Las poesías, sobre todo, y las novelas y cuentos lo iba guardando como un íntimo tesoro, y solamente leía alguna vez, aquello que más le gustaba o interesaba a sus familiares y amistades. Pero en cambio ha escrito bastantes artículos, siempre apolíticos, amenos y literarios. En las décadas de los 60, 70, 80 le publicaron bastantes artículos en periódicos en Madrid y provincias, resaltando el Heraldo de Aragón, en el cual le publicaron una quincena de artículos, que, además, se los pagarón. Para los demás escribía meramente de «negro», pero se los publicaban. |

