Generaciones enteras de odios y violencias. Delaciones entre los miembros de una misma familia. Jueces corruptos que intercambian pasiones por una sentencia favorable. Todos actúan como lobos, los unos contra los otros. Esta es la historia de una mediocridad. Así, la prosperidad del entorno se transforma ante nosotros en sincronía con los personajes, de la abundancia a la destrucción, como si tierras y haciendas fuesen uno sólo con aquellas que las habitan. «El Disfraz». Una vez más las pasiones hacen del ser humano una alimaña. El dinero parece ser la justificación para enajenar seres de condición supuestamente inferior. Así, cuando un ser depravado se cree dueño y señor, viola, asesina el mismo o manda asesinar hasta caer en su destrucción: solitaria y cruel.