Los árboles de Luis Tamargo forman su bosque particular: "Era un bosque, diríase que unido, si uno se iba acercando". Árboles con nombre propio, que incluso pueden llamarse Pablo, Hayas, tilos, sauces, eucaliptos, abedules, fresnos, rumorean aquí a sus anchas. La lluvia, los árboles, el viento, la nieve y los ríos dejan al paisaje en un lugar, no sólo descriptivo, sino de auténtico protagonismo.