Huyendo de las casillas y las etiquetas, Wilber Méndez propone una miscelánea literaria estimulante: relatos y poemas compartiendo el espacio del papel; narrativa con alma poeta y versos de impronta directa cercana a la prosa. En Dos relatos y cinco motivos, como canta el autor en una de sus composiciones, «construye un mundo, y también su reverso, palabra a palabra».
Y ese mundo, en una primera parte reservada a la narración, lo forma los relatos del día en la vida —y la vida en un día— de dos hombres de despertar cotidiano, pero de desenlace al filo..., al filo de una navaja o al filo de un recuerdo hecho ceniza.
Quizás su reverso sea la segunda parte, entregada a la poesía, donde los cinco motivos del título —apacibles, sugeridos, vitales, así como del corazón y la rebeldía— se expanden a entornos más positivos, sin perder el aura nostálgica, luchadora, libre y creativa que caracteriza el estilo del autor.