Ser historiador no es siempre observar y narrar los grandes acontecimientos. Hay historiadores de pluma sencilla pero eficaz. Son los afluentes de un río mayor pero de caudal igual de intenso. En esta obra, tercera de su autor, la repulsa ante la desigualdad vivida en los años 40 es el hilo conductor de la trama de estos personajes. La tierra labrada por manos humildes, pero firmes. La opresión, en unos capataces que ofrecen trabajos míseros, mientras el terrateniente acrecienta su hacienda y su poder. Los trabajadores, que transforman la supervivencia de sus familias en una necesidad servil que les humilla. La lucha contra las actitudes, contra la ignominia, está latente en cada una de sus lineas. Poder, incultura y tiranía... de esta bajeza que nos ofende surgen los verdaderos héroes de cada día, y obtenemos así una definición, mucho más correcta de la palabra libertad. |