"Cuando mi marido me llamó para comentarme que los resultados de la biopsia no eran buenos, que tenía un cáncer nada menos que de mama, el tiempo se paró de repente y pensé ¿por qué a mí? Escribir se convirtió en los momentos más duros del tratamiento en 'la actividad prioritaria de mi lista'. Podía a través de la palabra expresar sentimientos, miedos, emociones, frustraciones, esperanza, optimismo... Todos los días recibimos decenas de mensajes publicitarios que pretenden ayudarnos a solventar cientos de problemas banales, pero cuando el cáncer llega, cuando se presenta sin avisar, cuando todo se vuelve oscuro, entonces sólo los médicos y el resto de profesionales sanitarios están ahí para intentar curarnos". |